21 de diciembre – IV Domingo de Adviento

Hace algún tiempo, fue noticia un reto lanzado por una empresa de renombre internacional: ofrecían una gran suma de dinero a quien lograra permanecer más de una hora en una habitación aislada de cualquier ruido exterior. A pesar del premio, aparentemente tan fácil de conseguir, las personas eran incapaces de quedarse allí quietas, escuchando tan sólo su respiración y los latidos de su corazón. Al cabo de un rato, se sentían angustiadas por estar entregadas únicamente a sus propios pensamientos. El mundo actual nos ha desacostumbrado al silencio… El Evangelio de …