Las heroicas muestras de fe que nos llegan de África nos obligan al respeto y nos inspiran veneración. Si la ingenuidad nos hubiera llevado a imaginar que la era de los mártires había quedado relegada a los libros de historia y a olvidarnos de que en el mundo tendremos tribulaciones (cf. Jn 16, 33), nuestros hermanos africanos nos traen hoy copiosos testimonios de sangre, avergonzando con su ejemplo a tantas partes del mundo abatidas por un verdadero invierno demográfico de bautizados. Allí, donde arrecia la persecución religiosa, crece el número de hijos de Dios y ministros de Nuestro Señor …