Triste es de pensar en el gran número de gentes que con sincero y piadoso afán aspiran a grandes cosas, y el escaso de las que logran su empeño. ¡Cuántas almas llamadas a perfección, como dice Godínez, y cuán pocas las que la alcanzan! ¡Cuántos hombres que ponen manos a la obra con ardor templado por la prudencia, y que mueren dejándosela a medio hacer! […] Me persuadí a que todos los fracasos en materia de perfección procedían de falta de constante dolor de haber ofendido a la divina Majestad. […] Así como toda buena obra se desmorona …