Lo que mejor define a un noble es la excelencia de su persona. Por su simple nacimiento, está llamado a guiar a otros y a representar a Dios mismo. Sin embargo, dicha excelencia se reviste de una pulcritud aún mayor cuando se combina con la magnanimidad de la renuncia, tan necesaria para la existencia humana, sobre todo una vez sublimada por el sacrificio de la cruz. Renunciando a la pompa del mundo, aquella que había nacido de nobilísimo linaje real parece ser un ejemplo arquetípico de esa realidad. Madame Luisa, la hija menor de Luis XV de …