¡Cuántos santos han manifestado su gratitud a Dios por ser perseguidos, dando prueba inequívoca de haber comprendido el Evangelio de este domingo! En él, Nuestro Señor Jesucristo pronuncia la más elevada de sus predicaciones: el sermón de las bienaventuranzas. La más elevada, sí, y la más radical. Sólo unos labios divinos podían afirmar que bienaventurados son los pobres de espíritu, los que lloran y los misericordiosos (cf. Mt 5, 3-7)…

Sin embargo, no es hasta el final del discurso cuando el Salvador presenta la bienaventuranza más contundente: «Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es …