«Comprende, ¡oh hija mía!, que en esta tierra tendrás solamente un día bueno de cada cien malos, porque debes asemejarte a mi Hijo, Jesús. […] Ante todo, tendrás que esforzarte en hacer su voluntad y en someterle constantemente la tuya en el tipo de vida que Él ha deseado que sigas; en eso reside tu vocación especial.
Es necesario que cada cual pueda convencerse más tarde, al examinar de cerca tu conducta, de que es posible servir a Dios en todos los estados, en todas las condiciones de la vida, sin hacer grandes penitencias exteriormente, con tal que se combata vigorosamente las pasiones y se conforme uno en todo con la santa voluntad de Dios.
Recuerda que tiene más mérito renunciar a la propia voluntad y someterse completamente a la de Dios que llevar a cabo las mortificaciones corporales más grandes».
Palabras de la Santísima Virgen a la Beata Ana María Taigi.
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