Siete minutos sin respirar
«Estaba desesperada. Ana fue perdiendo el color, poniéndose morada, con la boca muy oscura y los brazos también morados. Estaba flácida en mi regazo… Les gritaba a mis hijos: ¡Coged las “reliquias”! ¡Coged las “reliquias”!», recuerda Fernanda. ¿A qué se refería? Así denominaba, de manera popular e imprecisa, a simples objetos que habían sido tocados en el cuerpo de Mons. João el día anterior, en especial un rosario. Mientras sus hijos las buscaban, ella y una amiga hicieron llamadas pidiendo ayuda: al padre del niño, que estaba ausente, a los bomberos, al Dr. Goedert… Unos minutos después, este último devolvió la llamada perdida, dio las instrucciones pertinentes y se dispuso a ir de inmediato al lugar donde se encontraba Ana Catarina. Sin embargo…, como médico, sabía que no llegaría a tiempo para socorrerla y le pidió a Mons. João que lo hiciera, porque para él las distancias ya no existían. Ana Catarina pasó aproximadamente siete minutos sin respirar, lívida y lánguida ante su madre y hermanos consternados. Fernanda continúa su relato: «Los niños me trajeron las “reliquias”, las puse sobre el pecho de Ana Catarina y grité con gran dolor: “¡Mons. João, tráigala de vuelta! ¡Tráigala de vuelta!”». La niña dio entonces un suspiro y empezó a reaccionar. De este terrible episodio, cuyo feliz desenlace carece de una explicación médica plausible, dado el considerable tiempo que la niña permaneció inconsciente y sin respirar, no le quedó ninguna secuela, salvo, para la familia, el recuerdo del auxilio inmediato de su padre espiritual. Así comenzaron los relatos de gracias similares, que desmentían las apariencias de una separación irremediable.
Fernanda con su esposo e hijos; en sus brazos sostiene a la menor, Ana Catarina
Una llamada telefónica… desde la eternidad
Al día siguiente, 4 de noviembre, durante la acción de gracias de la misa matutina, Raphaël Six, miembro de los Heraldos del Evangelio, que vive en la casa que fue la última residencia de Mons. João, le pidió una gracia y una señal de que sería atendido. Una vez concluida la celebración, inició sus actividades diarias: «Entonces oí sonar el teléfono de la biblioteca y me dirigí a la mesa de la recepción para contestar. ¡Cuál no sería mi sorpresa al leer en la pantalla el nombre de la persona que llamaba: “Mons. João Clá”! Contesté, pensando que algún sacerdote telefoneaba desde el despacho de Monseñor; no obstante, la llamada se cortó…». Tras haber realizado las averiguaciones necesarias para descubrir quién podría haber utilizado esa extensión, Raphaël comprobó que nadie había hecho la llamada telefónica y entendió que Mons. João le había concedido la señal solicitada.Cáliz recuperado seis meses después del robo
La respuesta a la petición del P. Antonio Castro Hernando, EP, residente en Argentina, llegó de una forma un tanto diferente. Este sacerdote necesitaba restaurar su cáliz y un matrimonio de cooperadores de los Heraldos se ofreció a hacerlo en Perú. Sin embargo, antes de llegar allí, el vaso sagrado fue robado… Narra el P. Hernando: «Pedí la intercesión de Mons. João para recuperar el cáliz, celebrando misas por esa intención, sobre todo para que no fuera objeto de sacrilegio o profanación. Los cooperadores también ayudaron con sus oraciones, pero nada. Parecía que Monseñor no nos escuchaba o, por razones de sabiduría superior, no quería atendernos». Pasaron seis meses. Un día, un joven argentino de la localidad de Santiago del Estero se comunicó con los Heraldos para informarles de que había visto un cáliz, similar a los que usaban los sacerdotes de la institución, en manos de un indigente, quien pidió una cantidad irrisoria por la devolución del objeto sagrado… ¡Era el que había sido robado! Tras recuperarlo intacto, el muchacho lo envió de vuelta a Buenos Aires.Dos encuentros en sueños
Muchas son las personas que han soñado con Mons. João. Aunque en ello pueda darse un fuerte factor subjetivo, «por sus frutos se conoce al árbol» y, en los episodios que se narran a continuación, estas pequeñas comunicaciones fueron de gran utilidad para el progreso en la vida sobrenatural de quienes las recibieron.
Kátia con su esposo e hijos
«Yo cuido de ti»
Pero Mons. João no necesita de sueños para manifestarse. Basta, como en el caso que se narra a continuación, con una mirada.
Pequeñas peticiones…, generosa atención
Para Jeannet de Injoque, colaboradora de los Heraldos de Perú, la noticia del fallecimiento de su fundador le llegó acompañada de una sobrenatural alegría —al sentir que a partir de entonces contaba con un nuevo intercesor—, que la curó de una severa depresión causada por la muerte de su esposo unos años antes. Así fortalecida, no dudó en recurrir a Mons. João para superar otra prueba, esta vez material: «Estaba pasando por una situación económica un tanto difícil y me preocupaban algunas deudas pendientes. Tenía unos terrenos en venta y, por la mañana, le pedí a Monseñor que me ayudara a vender al menos uno de ellos». La tarde de ese mismo día, una persona se puso en contacto con ella, interesada en comprar su terreno, ¡y le pagó de inmediato! Por su parte, I. R. rogó por la conversión de su hijo, que desde la adolescencia había caído en el alcoholismo: «Tan pronto como falleció Mons. João, cogí una fotografía suya y le pedí, con mucha confianza, que interviniera en esta difícil situación. No sólo quería que mi hijo dejara de beber, sino que deseaba verlo renovado. Ésa era una de mis peticiones diarias a Monseñor. Pasaron los días, hasta que empecé a observar un comportamiento diferente en mi hijo». Aprovechando el cambio para insistirle en la necesidad de abandonar ese vicio, I. R. escuchó del chico que desde hacía un tiempo no lograba ingerir bebidas alcohólicas, porque sentía náuseas al hacerlo… Y, para completar la alegría de su madre, manifestó su deseo de buscar el sacramento de la reconciliación.
Renata con su esposo y su hija
«Atiende rápido»
El 21 de noviembre de 2024, Marina Leanza Binotti rezó ante la tumba de Mons. João, pidiéndole un regalo de Navidad: que su madre, Sonia, recibiera un riñón compatible para trasplante. Al día siguiente, recibieron una llamada del Hospital del Riñón de São Paulo, ¡informándoles de una donación! Sin embargo, después de haber realizado las pruebas de compatibilidad, se enteraron de que había una persona por delante en la lista de trasplantes. En un clima de gran angustia, esperaron la respuesta final. Marina comenzó a rezar el rosario, sosteniendo una fotografía de Mons. João en sus manos e invocando su intercesión. Con el «Amén» de la última avemaría llegó también la noticia: ¡el riñón sería donado a Sonia! Llena de gratitud, dejó la foto de Monseñor con su madre y se dirigió al mostrador de admisiones para iniciar los trámites necesarios.
* * *
Con motivo del primer aniversario del fallecimiento de Mons. João, hemos querido compartir con nuestros lectores este breve resumen de los favores obtenidos por su intercesión, con el fin de que sean una señal de confianza para todos aquellos que deseen recurrir a él. Asimismo, sería necesario mencionar las gracias de conversión, curaciones espirituales y favores interiores que ha concedido en abundancia, pero no cabrían en todas las páginas de esta edición… Filialmente esperamos que el poder impetratorio de nuestro padre y fundador, cuya generosidad no limitaron las puertas de la eternidad, tenga una audiencia cada vez mayor ante el trono del Altísimo, donde anhelamos poder reencontrarnos con él algún día. ◊