«La preferí a cetros y tronos y a su lado en nada tuve la riqueza. No la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro ante ella es un poco de arena y junto a ella la plata es como el barro. La quise más que a la salud y la belleza» (Sab 7, 8-10). Muchas mujeres se caracterizan por su tendencia a la vanidad, a la superficialidad, a la codicia y al deseo de influir. No son tantas las que buscan destacar por su conocimiento, por la penetración de los misterios, por la adquisición de …