«San Miguel», de Fra Angelico - Museo de San Marcos, Florencia (Italia)Arcángel de Israel… y del «Nuevo Israel»
En manos de este «gran príncipe» (Dan 12, 1) estaba la misión de velar por el pueblo elegido. Tan excelso patrón fue el sostén de los patriarcas, la inspiración de los profetas, el consuelo de los justos, en fin, la defensa de los hijos de Israel. ¡Qué privilegio, incluso para un ángel, tener la tarea de custodiar a la nación de la que nacería María Santísima y, de Ella, el «primogénito de toda criatura» (Col 1, 15)! Sí, qué privilegio y, perdónenos San Miguel, qué disgusto… ¿Quién iba a imaginar que de ese mismo pueblo surgirían los sicarios del Mesías? Lo impensable sucedió: el arcángel vio a su Señor siendo crucificado y asesinado por aquellos de quienes era su guardián; aun así, en medio a tal auge de maldad, el patrón de Israel allí estaba, inspirando dolor y arrepentimiento en aquellos corazones empedernidos. Se hizo la oscuridad en pleno día, hubo terribles temblores de tierra, el velo del Templo se rasgó. ¿Y por qué no ver también en esos acontecimientos la indignación de San Miguel contra el infame pecado de deicidio? Tales calamidades parecían un eco, en esta tierra, de aquel grito que había resonado en la bóveda celestial e hizo temer a los ángeles rebeldes, precipitando al abismo al espíritu otrora «portador de la luz», Lucifer. De hecho, ahora eran los judíos infieles los que, a imitación de la actitud del jefe de los demonios, clamaban: «No he de servir» (Jer 2, 20). Al igual que el ángel sublevado, las autoridades del pueblo deicida perderían el honor de irradiar la luz de la divina Revelación al mundo y serían arrojadas a las tinieblas del error, pues cayó «un velo sobre sus corazones» (2 Cor 3, 15). No obstante, en el momento en que del costado abierto del Salvador brotaba sangre y agua, nacía el pueblo de la eterna Alianza, el «Nuevo Israel», la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, de la cual San Miguel se convertiría en protector suyo.Celoso defensor de la Santa Iglesia
Hermas, personaje bastante singular, antiguo esclavo griego y hermano del papa Pío I, escribió una de las primigenias obras de la literatura cristiana, llamada El Pastor.
«San Miguel presenta las almas a San Pedro», de Miguel Alcañiz -Museo de Bellas Artes, Lyon (Francia)
«¡Con este signo vencerás!»
Corría el año 312. El trono del Imperio romano oscilaba entre dos hombres: Constantino y Majencio. Si bien ambos eran paganos, el primero de ellos había nacido de una mujer cristiana: Santa Elena. Éste decidió avanzar contra Roma, para arrebatársela de las manos a su rival. Tras varios días de marcha forzada, su pequeño ejército de cuarenta mil hombres no se hallaba en unas condiciones muy favorables como para entablar combate contra un adversario numéricamente superior. Inseguro, el hijo de Elena resolvió buscar ayuda de lo alto: le rezó al Dios de su madre. Al terminar su plegaria, divisó en el cielo una inmensa cruz luminosa y sobre ella una frase en griego que decía: «Con este signo vencerás». A la noche siguiente, la visión se repitió en sueños y Constantino, al darse cuenta de que se trataba de un acontecimiento sobrenatural, ordenó que hicieran un estandarte en forma de cruz para que liderara las filas de su ejército. La batalla tuvo lugar el 28 de octubre y, pese a las negativas previsiones, Constantino aplastó a las tropas de Majencio. Un año más tarde, en el 313, como muestra de agradecimiento por la milagrosa victoria, el soberano firmaba el Edicto de Milán, mediante el cual se acababa con las persecuciones contra la Iglesia y se concedía la libertad de culto a los cristianos. Finalmente, la religión verdadera podía respirar un aire distinto al de las catacumbas. Pero no fue hasta el año 314 cuando Constantino entendió completamente la causa de su éxito. En un sueño se le apareció un hombre envuelto en luz, diciéndole: «Soy el arcángel Miguel, jefe de la milicia celestial, el protector de la fe de los cristianos. Fui yo quien, mientras tú luchabas contra los impíos tiranos, hice victoriosas tus armas».4
«Batalla del Puente Milvio», de Giulio Romano - Museo de Arte Walters, Baltimore (Estados Unidos).Una mujer vestida del sol
Incontables son los ejemplos de la infalible acción del arcángel a lo largo de la Historia, mas es imposible enumerarlos todos. Afortunadamente, el Espíritu Santo nos ha dejado un compendio admirable al respecto, en una escena descrita en el Libro del Apocalipsis. Al principio del capítulo doce, San Juan relata una visión grandiosa: aparece en el firmamento una mujer vestida del sol, coronada con doce estrellas y la luna bajo sus pies. Está encinta y gime con dolores de parto. Entonces surge otro gran signo: un dragón, color de fuego, que se pone delante de la mujer, con el fin de devorar a su hijo tan pronto como lo diera a luz. Ella huye al desierto, donde Dios le había preparado un refugio. Inmediatamente a esta descripción, el apóstol virgen añade: «Y hubo un combate en el Cielo: Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón, y el dragón combatió, él y sus ángeles. Y no prevaleció y no quedó lugar para ellos en el Cielo» (12, 7-8). Escenas muy enigmáticas —como, por cierto, lo es todo el Libro del Apocalipsis—, aunque llama la atención el hecho de que San Juan las narre juntas. El dragón que persigue a la mujer es el mismo que fue derrotado por San Miguel y la lucha entre ambos es por ella: uno la ataca, otro la defiende. ¿Quién será esa mujer misteriosa? ¿La propia Virgen María? Así lo afirman muchos; es una interpretación tradicional y bellísima, pero no la única. Algunos Padres de la Iglesia y escritores eclesiásticos hallaron razones para agregar otra explicación: la que identifica a la mujer con la Santa Iglesia.5 Así como la dama del Apocalipsis fue perseguida por el dragón, la Iglesia es atacada por el diablo y sus secuaces. Y de la misma manera que San Miguel derrotó al monstruo que amenazaba a la mujer, también demuestra un celo extremo en cuanto a la protección de la Esposa Mística de Cristo, sobre todo en los momentos de mayor peligro.Victoria final de San Miguel
San Miguel aplasta al demonio - Iglesia de San Miguel, Gante (Bélgica)
«La caída de los ángeles rebeldes», de Neri di Bicci - Museo Boijmans Van Beuningen, Rotterdam (Países Bajos)Notas
1 Cf. MAYNARD, Michel-Ulysse. La Sainte Vierge. Paris: Firmin-Didot, 1877, p. 352.
2 Cf. SAN AGUSTÍN. De civitate Dei. L. XI, c. 19. In: Obras. Madrid: BAC, 1958, t. XVI, p. 746; SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. I, q. 63, a. 5, ad 2.
3 HERMAS. Le Pasteur, c. 69, n.º 3: SC 53, 266-269.
4 BERNET, Anne. Enquête sur les anges. Paris: Perrin, 1997, p. 137. Quizá fuera ése el motivo que llevó al emperador a edificar, en Constantinopla, el santuario más antiguo dedicado a San Miguel, además de consagrar todo el imperio al arcángel.
5 Cf. BARTINA, SJ, Sebastián. Apocalipsis de San Juan. In: NICOLAU, SJ, Miguel et al. La Sagrada Escritura. Nuevo Testamento. Madrid: BAC, 1962, t. III, pp. 711-713.
6 BEATA ANA CATALINA EMMERICK. Visiones y revelaciones completas. Quito-Miami: Jesús de la Misericordia; FVT, 2011, t. III, p. 611.
7 Ídem, p. 615.