Anhelos de transcendencia y sublimidad
Es innegable que esta pintura refleja una cosmovisión puramente medieval. El «marco plataforma» sobre el que descansa, formado por otras cinco escenas bíblicas que completan el retablo del altar, indica que fue concebido como un conjunto narrativo al servicio del culto divino, finalidad cumplida mientras permaneció en la capilla del convento de Santo Domingo, en la ciudad italiana de Fiesole. Movido por su fervorosa religiosidad y su raciocinio analógico, el hombre medieval veía en la iconografía ventanas abiertas a otras realidades, tratando de representar a los seres sobrenaturales en su propia atmósfera. No queriendo limitarse a retratar nuestra simple materialidad, se servían de fondos dorados e incluso de la modificación intencionada de la perspectiva natural, para sacar al espectador del contexto terrenal y elevarlo a la dimensión espiritual. En el santo anhelo por hacer visible lo que sólo es visible a los ojos del alma, creaban ambientes sublimes, adornados de manera propicia a la oración y a la trascendencia. Todo el cuadro de la Anunciación está iluminado por esa piedad llena de inocencia, que busca —a través de formas bellas y ordenadas, colores puros y brillantes— señalar sus arquetipos. Transmite claramente un mensaje que pretende exaltar virtudes sobrenaturales evidentes; por ejemplo, el recogimiento y la falta de pretensiones de María Santísima, o el respeto y la humildad del arcángel San Gabriel.
“Anunciação”, por Fra Angélico - Museu do Prado, MadriEstética naturalista y realidad pragmática
Algo muy distinto encontramos en una no tan conocida obra del humanista por antonomasia: Leonardo da Vinci. En ella apreciamos una primorosa técnica, resaltada por una eximia composición, con gran protagonismo de las leyes de la perspectiva geométrica y atmosférica, que el célebre genio del Renacimiento tanto se esmeró en perfeccionar.
Escena de la Anunciación, de Leonardo da Vinci - Galería Uffizi, Florencia (Italia)Paraíso de placeres, divorciado del Cielo
Cualquiera que analice minuciosamente la mentalidad que subyace a ésta y muchas otras obras del Renacimiento, como la Anunciación del paradigmático Sandro Boticelli, se dará cuenta de que en ese período se produjo una ruptura en el espíritu humano, presagiada de la pérdida de la fe en el Occidente cristiano.
Escena de la Anunciación de Sandro Botticelli - Museo Metropolitano de Arte, Nueva YorkDelirios surrealistas y contestatarios
Las siguientes imágenes pueden, eventualmente, herir la sensibilidad del lector, por el contraste que presentan. Son algunos ejemplos de pintores modernos de renombre, considerando que aún no llegan a los extremos impresentables de ciertas escuelas más recientes. Por un lado, tenemos la torpe burla de un excéntrico, Salvador Dalí, fruto del positivismo, una doctrina que desvirtúa la imaginación del hombre. Esta potencia del alma —que debería servir para conocer las realidades más elevadas a través de ejercicios de trascendencia metafísica— se convierte en un lodazal de pesadillas y delirios surrealistas representados fielmente por ese autoproclamado «alucinógeno»,3 en otras de sus pinturas mundialmente conocidas.
«Anunciación a la Virgen María», de Salvador Dalí
«Anunciación», de Romare BeardenRelativismo e irracionalidad
La consecuencia de la pérdida de la fe es el oscurecimiento de la luz de la razón, por lo cual en la modernidad surgieron movimientos «intelectuales» y «artísticos» capaces incluso de cuestionar la existencia de una verdad absoluta. Al separar, en el arte, idea y objeto material, cayeron en el subjetivismo del llamado «arte conceptual», en el que sólo tiene importancia el supuesto mensaje que se quiere transmitir, por ejemplo, pegando un plátano en la pared de un museo —una obra subastada por más de seis millones de dólares, en noviembre de 2024— o exponiendo cualquier otro objeto, incluso los más repugnantes, para contemplación de los visitantes. Por otra parte, han proliferado las escuelas que, al desterrar las ideas, afirman que es el objeto físico el que ha de ser considerado apreciable en sí mismo, como expresión «natural» y apasionada del artista —por supuesto, sin atenerse a reglas estéticas. El concepto de arte, brutalmente diseccionado, ha perdido su significado como técnica u oficio, y ya no digamos como factor de enriquecimiento cultural. El noble lenguaje de los colores y las formas — que durante siglos ha servido para transmitir mensajes de gran trascendencia, elevando civilizaciones— incluso ha sido abolido en nombre del «expresionismo abstracto», en el que las ideas ya no importan: el único mensaje identificable es la justificación de la espontaneidad y del acto irracional dominado por el sentimiento del artista. Ya no se trata de presentar verdades espirituales a través de la belleza, sino impactar los sentidos corporales mediante la transmisión de una emoción fugaz, subjetiva e inútil. Se suele decir que, independientemente del tema elegido, el pintor siempre plasma su propia alma. Sin embargo, en las pinturas modernas parece que los medios han sustituido al fin: el pintor ya no se esfuerza por utilizar sus cualidades para interpretar su entorno, sino por utilizar su entorno para proclamar su ego. El autor de la obra N.º 5, 1948, Jackson Pollock, confirma esa afirmación con sus propias palabras: «Para mí, el arte moderno no es más que la expresión de los objetivos contemporáneos de la época en que vivimos. […] Todas las culturas han tenido medios y técnicas para expresar sus objetivos inmediatos: los chinos, el Renacimiento, todas las culturas. Lo que me interesa es que hoy los pintores no tienen que buscar un tema ajeno a ellos mismos. La mayoría de los pintores modernos trabajan a partir de una fuente diferente, trabajan desde el interior».4 Teniendo esto en cuenta, resulta más fácil plantear la hipótesis acerca del motivo por el que ese polémico cuadro se vendió en 2006 por el increíble precio de 140 millones de dólares…, batiendo el récord histórico hasta esa fecha de una inversión en una obra de arte.
«N.º 5, 1948», de Jackson Pollock
«Comedian», de Maurizio Cattelan* * *
A la vista de todo esto, conviene recordar que el camino para recuperar la sabiduría se encuentra en la admiración de toda forma de auténtica pulcritud, especialmente de la más bella y elevada de todas, que es la santidad, anunciación de la felicidad eterna. ◊Notas
1 Cf. Corrêa de Oliveira, Plinio. «Oração e holocausto simbolizados na lamparina». In: Dr. Plinio. São Paulo. Año xxvii. N.º 320 (nov, 2024), p. 33.
2 En el sentido utilizado por el Dr. Plinio, la palabra fantasía no se refiere a la fantasmagoría o la ensoñación ilusoria de la mente, sino a la capacidad creativa de la imaginación.
3 «Nunca he tomado drogas porque yo soy la droga. ¡Que me tomen a mí, yo soy la droga, yo soy alucinogénico!», dijo Dalí en una entrevista.
4 Ross, Clifford (Ed.). Abstract Expressionism: Creators and Critics. An Anthology. New York: Harry N. Abrams, 1990, p. 140.