La simple contemplación de la obra de la creación proporciona al hombre un prodigioso caleidoscopio de las perfecciones divinas. A modo de ejemplo, consideremos el movimiento migratorio de los gansos canadienses. ¿Quién no se ha maravillado de la sabiduría que se manifiesta en ellos? Atraviesan miles de kilómetros volando siempre juntos, en una impecable formación en «V», para que todos se beneficien del desplazamiento de aire provocado por el que lidera la expedición. A éste, sin embargo, le corresponde no sólo el gran esfuerzo de enfrentar la masa de aire, abriendo el camino a los que le siguen, sino también …