Papa: he aquí el título que los católicos utilizan para referirse a su padre… Sí, padre, en el sentido más estricto y etimológico del término.

Πάππας (páppasera una de las primeras palabras que balbuceaban los niños de habla griega. Dirigida con efusiones de afecto al padre que los protegía, alimentaba, enseñaba, corregía y guiaba, esta expresión hogareña equivalía a nuestro papá.

Los helenos, convertidos en hijos de Dios y de la Iglesia por el bautismo, enseguida otorgaron su πάππας a los progenitores en la Fe, los Obispos.

Este cariñoso epíteto se aplicó así a todos los príncipes de la Iglesia hasta el siglo vi, época en la que pasó a ser prerrogativa del Sumo Pontífice Romano, el Obispo de los Obispos y, por tanto, el padre de los padres.

¡Qué maravilla ser católico! Mientras todos los gobernantes del mundo son exaltados por el poder, influencia o riqueza, nosotros tenemos el privilegio de ver en nuestro soberano, ante todo, a un padre.