El hombre recibe un nombre cuando nace al mundo por la naturaleza, cuando nace a la gracia por el bautismo, cuando muere al mundo por los votos religiosos y cuando muere a sí mismo en virtud de una vocación que lo confisca por completo.

Abrán pasó a llamarse Abrahán después de que Dios le prometiera una descendencia innumerable (cf. Gén 17, 5). Jacob recibió el título de Israel tras luchar con el ángel del Señor (cf. Gén 32, 29). Simón fue nombrado Pedro por Jesucristo, que le encomendó la misión de ser la piedra de la Iglesia, invistiéndolo como cabeza …