Las páginas sagradas encierran paradigmas para toda la historia. Uno de ellos, y uno de los más elocuentes, es el duelo entre un jovencito «rubio, de hermosos ojos y buena presencia» (1 Sam 16, 12) y un gigante de Filistea de aspecto embrutecido (cf. 1 Sam 17).

David había sido elegido por Dios para sustituir al infiel Saúl como rey de Israel. Tras haber sido ungido el hijo de Jesé por el profeta Samuel, el espíritu del Señor ya se había apoderado de él (cf. 1 Sam 16, 13). Sin embargo, era necesario que su figura ganara gradualmente renombre entre …