Sólo tiene un inconveniente: como tantas otras cosas, esas teclas prodigiosas actúan sobre nuestra psicología. La repetición tiende a crear hábitos. Por otro lado, cuando nuestro cerebro encuentra una solución, tiende a aplicarla a otros ámbitos, por analogía. Hábitos y analogías, combinados, acaban dando cierta connotación de absoluto, incluso inconscientemente, a algunas soluciones muy utilizadas.
Y aquí tenemos problemas. En nuestra vida real —vivida en carne, hueso y alma— no hay máquina del tiempo ni Ctrl + Z. Nuestras actos son irremediables, definitivos. Un jarrón roto se puede pegar, la leche derramada se puede reponer, un insulto se puede perdonar y reparar; pero el hecho concreto no puede deshacerse ni anularse.
A pesar de ello, el uso indiscriminado de los medios digitales parece estar creando una «generación Ctrl + Z»: personas con una mentalidad deformada, cada vez más irresponsables. Se exponen a riesgos absurdos —como tomarse peligrosísimas selfis en lugares imposibles—, no miden las consecuencias de sus actos, adoptan actitudes aberrantes, casi como si no tuvieran instinto de conservación. Gastan, roban, matan, se portan mal… y luego se llevan un susto tremendo cuando se encuentran ante las sanciones de la ley.
Y eso fue la inversión que ha habido: primero modelamos la tecnología, pero ahora estamos siendo modelados por ella.
Ahora bien, así como el Ctrl + Z no existe en la vida real, menos aún existe en la vida moral. Podemos, sin duda, esforzarnos por volver atrás en un mal camino emprendido, incluso podemos superar por completo los efectos deletéreos de ese error; no obstante, nunca cambiaremos la historia, que ha registrado aquella desviación que hubiéramos querido evitar. El propio sacramento de la confesión perdona la culpa del pecado, pero no torna al acto «no ocurrido»: si he matado a alguien, éste no volverá a la vida.
Así pues, el pecado existe, la virtud, también; ambos están a nuestro alcance, pero la decisión es sólo una, y puede ser equivocada. Cada decisión, como cada acto de libre voluntad, será juzgada por Dios, que premiará la virtud y castigará el vicio. Y ante el augusto juicio del Altísimo, no hay Ctrl + Z. ◊
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