«Espero que, a pesar de mis miserias, el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, la Santísima Virgen, San José, mi ángel de la guarda, el Dr. Plinio, Dña. Lucilia y todos mis intercesores me ayuden y hagan en mí, conmigo y por encima de mí lo que debería hacer para cumplir íntegramente mi misión. »Y espero —y siempre he deseado— una muerte dulce y llena de consuelo; pues creo que, en la hora de la muerte, podré constatar que la obra ha vencido, atravesará los siglos y los milenios, y llegará hasta el fin del mundo». …