«Hoy que nos ha nacido el Salvador del mundo para comunicarnos la vida divina, te pedimos que nos hagas igualmente partícipes del don de su inmortalidad»,1 reza el sacerdote en la Misa de Navidad. Sin embargo… ¿en qué se fundamenta la osadía del hombre para afirmar en esta oración que hoy, más de dos mil años después de que Cristo viniera al mundo, Él nace para nosotros? La Iglesia, en sus oraciones, ¿estaría empleando un recurso lingüístico impregnado de belleza, pero desprovisto de verdad, como a veces piensan los eruditos sin fe? ¿O estaría valiéndose entonces …