Entreteniéndose con María
Con tan sólo 12 años, Luis fue enviado por sus padres a estudiar al Colegio Saint-Thomas Becket, de Rennes, donde se hospedó con su tío Alain Robert, sacerdote de la parroquia Saint-Sauveur. Contrariamente a las costumbres de sus coetáneos, ya en la adolescencia procuró hacer del recogimiento su frecuente ocupación, de preferencia a los pies de alguna imagen de la Virgen en las iglesias de las cercanías, evitando así los asuntos del mundo que lo rodeaba. A partir de 1695, cuando era postulante en el seminario de Saint-Sulpice, el alma del joven se elevó cada vez más, cual águila que alza su vuelo altanero por entre las nubes, para desde allí contemplar más ampliamente los esplendores casi infinitos de la Estrella de la mañana. Nuestra Señora constituía el único panorama que esa águila se complacía en contemplar. Todo entretenimiento en el que los nombres de Jesús y María estuvieran ausentes, era insípido y desagradable para él. Durante esos años no le faltaron excelentes lecturas, que solidificaron en su alma los principios en ella inspirados por la gracia, como la de la obra de Henri-Marie Boudon, Dieu seul. Le saint esclavage de l’admirable Mère de Dieu, y el Salterio de la Virgen atribuido a San Buenaventura. Fue también en el seminario donde el santo decidió fundar la asociación de los Esclavos de María, a fin de propagar la doctrina de la santa esclavitud, signo distintivo de su apostolado ministerial. No obstante, lo que más claramente nos hace comprender la intensidad de su relación con la Señora de los ángeles son los momentos, poco conocidos, en los que Ella vino a convivir y comunicar personalmente sus designios maternos al apóstol que había elegido. En una ocasión, un hombre entró en la sacristía para confesarse y se encontró con el misionero, ya al final de sus días, conversando con una dama de indescriptible blancura. Como se disculpó por las molestias, recibió esta amable explicación: «Amigo mío, me estaba entreteniendo con María, mi buena Madre».1 ¿Serían habituales para Luis esas milagrosas entrevistas con la Reina del Cielo? A juzgar por la naturalidad de la respuesta, todo indica que sí…Recogido en La Rochelle
San Luis María Grignion de Montfort – Colección particularEl odio de los infernos
En la Historia de la salvación suele ocurrir que toda obra santa, que da buenos frutos, es inevitablemente odiada y combatida por la raza de la serpiente. Del mismo modo, el escrito de San Luis se convirtió en el blanco de las fuerzas infernales, como, por cierto, el santo había profetizado de manera impresionantemente exacta: «Preveo muchos animales rugientes, que vienen con furia a destrozar con sus diabólicos dientes este pequeño escrito y a aquel de quien el Espíritu Santo se ha servido para redactarlo, o sepultar, al menos, estas líneas en las tinieblas y en el silencio de un cofre, para que nunca aparezca. Incluso atacarán y perseguirán a aquellos y aquellas que lo leyeren y pusieren en práctica».2
Mesa sobre la cual San Luis Grignion escribió el «Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen» – Convento de las Hijas de la Sabiduría, Saint-Laurent-sur-Sèvre (Francia)En busca de la perla más preciosa
San Luis Grignion ante Nuestra Señora Reina de los corazones, con el «Tratado» al pie de su tronoLos apóstoles de los últimos tiempos
El sentido profético de San Luis fue lejos, pues no imaginó que esas almas receptivas a la sublime devoción de la esclavitud de amor se restringían a las que estaban vivas en aquella época, sino que las divisó en su horizonte sobrenatural en un período futuro: «Además hemos de creer que al final de los tiempos, y quizá antes de lo que pensamos, Dios suscitará grandes hombres llenos del Espíritu Santo y del espíritu de María, por quienes esta divina Soberana hará grandes maravillas en la tierra, para destruir el pecado y establecer el Reino de Jesucristo, su Hijo, sobre el reinado del mundo corrompido; y es por medio de esta devoción a la Santísima Virgen —que no hago sino esbozar, disminuyéndola con mis limitaciones— que esos santos personajes llevarán todo a cabo».9 Estos apóstoles de los últimos tiempos, según la expresión de San Luis, no sólo vivirán sus enseñanzas de forma radical, sino que serán antorchas vivas para iluminar con el espíritu de María los corazones de los hombres, preparando en las almas el reinado de su divino Hijo:
San Luis María Grignion de Montfort – Basílica de San Pedro, Vaticano«Adveniat regnum Mariæ»
La inmensidad de sus deseos lo hacía gemir a la espera de ese nuevo orden de cosas que la devoción a María, como había enseñado, haría nacer: «¡Ah!, ¿cuándo llegará ese tiempo dichoso en que María será establecida como Señora y Soberana en los corazones, para someterlos plenamente al imperio de su gran y único Jesús? ¿Cuándo llegará el día en que las almas respirarán a María como los cuerpos respiran el aire? Para entonces sucederán cosas maravillosas en este mundo, donde el Espíritu Santo, al encontrar a su querida Esposa como reproducida en las almas, vendrá a ellas en abundancia y las llenará de sus dones, y particularmente del don de su sabiduría, para obrar maravillas de gracia».11 No es sin razón que el nombre más probable del Tratado sea Preparación para el Reino de Jesucristo. La era de Nuestro Señor vendrá en el momento en que la sagrada esclavitud esté extendida por toda la humanidad: «Ese tiempo sólo llegará cuando se conozca y practique la devoción que enseño: “Ut adveniat regnum tuum, adveniat regnum Mariæ”».12 Mientras los hombres del siglo se embriagan con las atracciones de este mundo, el cual es incapaz de ofrecerle al alma humana el único bien que puede saciarla, volvamos la mirada a Nuestra Señora y hagamos nuestras las oraciones del santo mariano: que tarde o temprano la Santísima Virgen tengas más hijos, siervos y esclavos de amor como jamás ha habido y que, por este medio, Jesucristo, nuestro amado Maestro, reine más que nunca en todos los corazones.13 ◊Notas
1 LE CROM, Louis. Saint Louis-Marie Grignion de Montfort: un apôtre marial. Tourcoing: Les Traditions Françaises, 1946, p. 367.
2 SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT. Traité de la vraie dévotion à la Sainte Vierge, n.º 114. In: Œuvres Complètes. Paris: Du Seuil, 1966, p. 557.
3 Cf. Ídem, n.º 227, p. 641.
4 Ídem, n.º 72, p. 533.
5 Cf. Ídem, n.º 120, pp. 562-563; n.os 152-159, pp. 582-590.
6 SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT. Le Secret de Marie, n.º 70. In: Œuvres Complètes, op. cit., p. 476.
7 SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT. L’amour de la Sagesse Éternelle, n.º 225. In: Œuvres Complètes, op. cit., pp. 215-216.
8 SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT, Traité de la vraie dévotion à la Sainte Vierge, n.º 180, op. cit., pp. 606-607.
9 SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT. Le Secret de Marie, n.º 59, op. cit., p. 468.
10 Ídem, n.º 58, p. 468.
11 SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT, Traité de la vraie dévotion à la Sainte Vierge, n.º 217, op. cit., pp. 634-635.
12 Ídem, n.º 217, p. 635.
13 Cf. Ídem, n.º 113, p. 557.