«Lo obvio no se dice». Durante siglos, este adagio ha sido repetido con frecuencia para demostrar lo redundante y superfluo que resulta afirmar la obviedad de las cosas. Sin embargo, en esta época de profundo relativismo religioso y creciente entorpecimiento espiritual, urge recordar que lo obvio, sí, debe ser dicho.
He aquí el contexto en que el Evangelio de este domingo nos presenta una de las afirmaciones más contundentes del divino Maestro, la cual recuerda bien una de esas «obviedades» que deben ser dichas: «Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del …