Pedro, el primer pontífice, al recibir del Maestro las llaves del Reino de los Cielos, recibía antes su Corazón divino. Al poseer el Corazón de Cristo, capaz de amar a toda la humanidad, Pedro puede ser Cristo en la tierra. […] He aquí el augusto misterio que hace del romano pontífice el Padre universal de los pueblos, el próvido distribuidor del pan de la verdad, el guía seguro en los tortuosos caminos de la paz y de la justicia.

Desde hace veinte siglos, la humanidad lo reconoce como tal. A pesar de las luchas, las persecuciones, las aberraciones de …