Las instituciones de la Iglesia nacen de manera orgánica, sin planificación previa. Se trata de un «método» habitual del Espíritu Santo: abordar los problemas del momento, resolviendo las dificultades a medida que aparecen. A ese ritmo, los siglos han visto surgir el complejo edificio de la jerarquía eclesiástica, las normas de la vida consagrada, las diversas órdenes religiosas e incluso la regulación de la vida intelectual.

Sin embargo, ese desarrollo no se ha producido sin contratiempos. Un episodio controvertido, que intentó mancillar el organismo indivisible de la Santa Iglesia, nos ayudará a comprender cuán arduo puede resultar, a menudo, …