Las incontables facetas morales de la madre ideal estaban en Dña. Lucilia al alcance de la observación de todos, invitándolos a formar parte de aquellos «mil hijos» que su corazón rebosante de benevolencia anhelaba. Quien ha tenido la felicidad de frecuentar su residencia, conviviendo con Dña. Lucilia durante los últimos meses de su existencia terrena, mucho ha podido apreciar el alto grado de consideración, gentileza y estima inherentes a su noble trato, incluso en sus más sencillas expresiones. De índole respetuosa y afectiva, era maestra en el difícil arte de dirigirse a los otros con afable dignidad, de modo …