¡Con cuánta devoción deberíamos asistir a la santa misa! En este sublime sacramento se renueva el sacrificio del Calvario y Jesús se hace presente cada día en las sagradas especies, en cualquier parte del mundo donde un sacerdote pronuncie las palabras: «Esto es mi cuerpo», «Éste es el cáliz de mi sangre». Así, tras vivir en este mundo, el divino Redentor ascendió a la mansión celestial, pero permaneció entre los suyos, vivificando a la Iglesia mediante la Eucaristía.
No obstante, además de la presencia sacramental, el Señor ha querido hacerse visible a nosotros por medio de ciertas almas escogidas …