El mundo moderno, tan desprovisto de símbolos, de liderazgo y de belleza, en el que todo depende de la máquina y de la cibernética, vuelve a las personas mucho más animales que espirituales, propensas a preocuparse sólo por lo que les afecta en carne propia o en el bolsillo, y a moverse únicamente en función de sus apegos y sentimientos. Y la idea de sacrificio parece haber sido desterrada de la mente del hombre moderno. También cada uno de nosotros, por el hecho de vivir en esta era de ateísmo en la que Dios es olvidado, …