«Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti una gran nación» (Gén 12, 1-2). A lo largo de los milenios, los descendientes de Abrahán repitieron innumerables veces este pasaje, marco inicial de la vocación del gran patriarca. La Iglesia también lo exalta como aquel a quien Dios confió las primicias de su «nación santa» (1 Pe 2, 9), la porción escogida «entre todos los pueblos de la tierra» (Dt 14, 2), de la que nacería el Salvador prometido a Adán antes de …