El peligro soviético
El Tratado de Versalles, de 1919, había acabado por fin con las disputas territoriales que dieron lugar a uno de los mayores acontecimientos del siglo XX: la Primera Guerra Mundial. A través de ese acuerdo se vieron modificadas las fronteras de muchos países, siendo Polonia uno de los más beneficiados. En efecto, desde el siglo XVIII esta nación estaba repartida entre los imperios austríaco, prusiano y ruso y el pacto vino a restituirle su independencia. Mientras tanto, en el país de los zares otro hecho llamó la atención del mundo: la revolución comunista. En 1917, los bolcheviques destituyeron al emperador Nicolás II e instauraron el régimen socialista soviético, bajo el liderazgo de Vladímir Lenin. El objetivo de los rojos consistía en dominar todo el orbe a partir de Rusia: «Los intereses del socialismo y de la revolución mundial están por encima de los intereses nacionales, de los intereses del Estado»,1 afirmó Lenin en mayo de 1918. Para ello, era de suma importancia conquistar otros territorios a fin de hacer frente al capitalismo occidental.Guerra polaco-soviética
En medio de esas pretensiones rusas de crear un gobierno universal, comenzaría la guerra polaco-soviética. El general polaco Józef Piłsudski rompió la frontera de la Ucrania soviética, junto con el líder nacionalista de ese país Simon Petliúra, y avanzó sobre Kiev. Aunque el primer ataque se frustró y las falanges polaco-ucranianas se vieron obligadas a retirarse, la circunstancia fue aprovechada por Lenin como pretexto para enviar al Ejército Rojo con el objetivo de sovietizar Polonia. Los polacos retrocedían unos quince kilómetros por día. Después de una serie de victorias, los bolcheviques llegaron a Varsovia, dirigidos por Mijaíl Tujachevski, un «“Napoleón” soviético de 28 años».2 La victoria rusa parecía inevitable. Angustiados y sin esperanza de conseguir ayuda por parte de los demás países occidentales, miles de polacos se congregaron en Częstochowa, a fin de recurrir a la única que les podría auxiliar en esos momentos. Ella ya los había salvado otrora, ¿por qué no lo iba a hacer de nuevo?Nuestra Señora de Częstochowa
Durante la invasión comunista, a Ella fue a quien el pueblo recurrió…Icono original de Nuestra Señora de Częstochowa - Monasterio de Jasna Gora, Częstochowa (Polonia)
La batalla del Vístula
El último combate tuvo lugar el 15 de agosto de 1920, fiesta de la Asunción de Nuestra Señora, junto a las orillas del río Vístula. De repente, la flota rusa comenzó la retirada. Los polacos enseguida lanzaron una contraofensiva que los empujó hasta la Prusia oriental. Casi 100 000 soldados rusos se entregaron al ejército polaco. Algunos historiadores afirman que, hasta hoy, parece imposible encontrar la causa de la «aplastante derrota sufrida por el Ejército Rojo».3 Sin embargo, nosotros discrepamos. No les es posible encontrarla porque la buscan en el sitio equivocado. ¿De qué sirve procurar en la tierra algo que se halla en el Cielo? Aquel día Nuestra Señora apareció entre las nubes, sobre Varsovia, y ahuyentó a los comunistas. Inmediatamente el triunfo fue atribuido a la Virgen Negra y el acontecimiento pasó a ser conocido como el milagro del Vístula.María es la Reina de la Historia
«Se prepara al caballo para el combate, la victoria la concede el Señor» (Prov 21, 31), reza el libro de los Proverbios. Si las fuerzas humanas no podían, de ninguna forma, frenar el ataque adversario, la propia Reina de los Cielos, «imponente como un ejército en orden de batalla» (cf. Cant 6, 10), decidió intervenir. Casi diríamos que esto es una regla del auxilio mariano en cualquier tiempo y ocasión: suele manifestarse únicamente cuando los hombres llegaron al extremo límite de sus esfuerzos y, por así decirlo, se sienten rodeados por el acre olor del fracaso, a fin de que perciban que la victoria sólo se debe a una acción de la Virgen. Así pues, podemos estar seguros de que, aun cuando todo parezca perdido, nuestra Reina y Protectora sigue teniendo en sus manos las riendas de la Historia. ◊Notas
1 PIPES, Richard. História concisa da Revolução Russa. Rio de Janeiro: BestBolso, 2008, p. 305.
2 DANIEL-ROPS, Henri. A Igreja das Revoluções. II – Um combate por Deus. São Paulo: Quadrante, 2006, p. 318.
3 PIPES, op. cit., p. 313.