XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario – 16 de noviembre

Hay dos momentos cruciales en la existencia humana: su nacimiento y su partida de este mundo. Los desterrados hijos de Eva encuentran singular descanso en ambas circunstancias: al entrar en la vida, el niño es colocado en una cuna, un sitio asociado a la esperanza de lo que llegará a ser en el futuro; al abandonar la condición terrenal, todos recibimos un ataúd, una «morada» vinculada al recuerdo de nuestras realizaciones. Cada historia humana debe ser interpretada en función de su fin: el juicio en el que Dios separará a …