Las escenas que ilustran estas páginas resumen uno de los acontecimientos más impactantes de la historia, no sólo de la Iglesia, sino de la civilización. Ocurrido en el siglo xi, marcó su época y las mentalidades, tal es así su carácter paradigmático.

Gran parte de esa carga simbólica se concentra en los dos protagonistas de los cuadros. Por un lado, Enrique IV, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, el hombre más poderoso de su tiempo, un rey de reyes. Por otro, San Gregorio VII, un simple plebeyo del norte de Italia, que, sin embargo, había sido elevado a …