Dificultades en las relaciones con un amigo, enfermedades repentinas, problemas con el alquiler… Variados son los favores obtenidos por la intercesión de Dña. Lucilia, bondadosísima madre que no desampara a quien a ella recurre en su día a día.
«Cuando supliqué la intercesión de Dña. Lucilia tuve una enorme confianza»
Así nos describe el Prof. Edson Luiz Sampel, docente de la Facultad de Derecho Canónico San Pablo Apóstol, de la archidiócesis de São Paulo, lo que le ocurrió el pasado mes de agosto: Preocupado al notar cierta frialdad por parte de uno de sus amigos, el Prof. Sampel no sabía qué hacer para remediar la situación, que desde hacía ya unos días le venía causando mucha inquietud e inseguridad: «Estaba exasperado conmigo, por motivos que desconozco, e incluso me bloqueó en WhatsApp. Parecía que se encontraba de veras molesto, decepcionado, nervioso y confuso. Esta circunstancia me provocó amargura, pues tengo la tendencia psicológica de potenciar las desavenencias, e imagino enseguida mil y una cosas ruines». Entonces puso el caso en manos de Dña. Lucilia con el fin de que se resolviera esta incomprensible discordia: «Durante una semana, al rezar el Rosario, pedí la intercesión de Dña. Lucilia, mirando una foto suya que aparecía en una página de la revista de los Heraldos». Aprovechó también para pedir en sus oraciones por la salud del suegro de su hermano que, con sus 90 años, se encontraba en una situación delicada: «Ya en el primer día, al final de la primera decena del Rosario, supliqué por el suegro de mi hermano, diciendo: “Dña. Lucilia, ruega por…”. Los otros días, hasta el sábado, imploré su intercesión por mi amigo». Y, para su sorpresa, enseguida fueron atendidas sus súplicas: «Mi hermano estuvo en casa y me dijo que su suegro había mejorado bastante, volviendo incluso a andar. Mi amigo me mandó un mensaje por WhatsApp. ¡Estaba yo súper contento! Conversamos como si nada hubiera pasado. Y, ese mismo día, mi cuñada también me confirmó que su padre, el suegro de mi hermano, estaba mucho mejor de salud». Agradecido por los favores obtenidos, Edson afirma: «Cuando decidí suplicar la intercesión de Dña. Lucilia tuve una enorme confianza. Que María Santísima y Dña. Lucilia rueguen a Jesús por todos los Heraldos del Evangelio. Amén».«Tres meses pagando únicamente los gastos comunitarios»
«No desampara a ninguno de sus hijos»
La situación, sin embargo, no se había resuelto. Era necesario que consiguiera enseguida un inquilino para su inmueble. «Pasados los tres meses, continuó la prueba, porque no había conseguido alquilar de ninguna forma la vivienda de Mauá. En agosto, pues, ya decididos a volver allí, empezamos a tomar providencias. Pero yo no me conformaba. Y decía: “No, Dña. Lucilia no va a dejar que eso ocurra, no es posible. ¿Cómo me ha traído hasta aquí y ahora voy a tener que volver?”». A esa altura, una circunstancia inesperada alteró los planes de Dayane: «Un día me mostraron una casa que era más barata que el piso en el que estaba viviendo. Entonces cerramos el contrato de la casa de “ojos vendados”, en la confianza de que Dña. Lucilia no iría a abandonarnos». Tras ese osado acto de confianza en su celestial intercesora, Dayane hizo esta súplica: «Me arrodillé delante de un cuadrito suyo, encendí una vela y le dije: “Dña. Lucilia, usted resuelve el caso de todo el mundo, ¡usted no va a desamparar a una hija suya! Por favor, le pido que le ruegue al Sagrado Corazón de Jesús para que yo consiga alquilar la vivienda de Mauá, porque estoy mudándome a una casa más barata con la certeza de que usted no me va a desamparar. ¡Lo que estoy haciendo es una locura más grande! Estoy asumiendo una deuda sin alquilar la vivienda y sin saber si voy a poder alquilarla. ¡Ayúdeme entonces!». «Eso fue a las ocho de la mañana. Recé el Rosario llorando, pidiéndole esa gracia, con la certeza de que no iba a abandonarme, porque ya había cerrado el contrato de la casa y no tenía ingresos para pagar esa cantidad». Sus oraciones no tardaron en ser escuchadas y a las ocho y veinte de la mañana recibió una llamada de la inmobiliaria con la siguiente noticia: «A una persona le había gustado mucho mi vivienda a pesar de que no la había visitado, sólo la vio en fotos, y probablemente cerraría el contrato. Ese fue el milagro: ese mismo día esa persona entró en contacto diciendo que se quedaría con el piso. En la época en que yo estaba arreglando la casa, la llené de fotos suyas, pidiendo su ayuda para que apareciera un inquilino. Por lo tanto, tengo la certeza de que fue Dña. Lucilia la que obtuvo esa gracia. No desampara a ninguno de sus hijos».«Mi esposo entró en desesperación, quedó atemorizado»
Un relato más de un favor alcanzado por intermedio de Dña. Lucilia nos ha sido enviado por María de Fátima Silvino Maro y su marido, Emanuel Nazareno da Silva Santos, de Miracatu, estado de São Paulo.
«Gracias a Dña. Lucilia hoy mi esposo está curado»
Poco a poco se fue calmando y la característica paz que esa bondadosa dama irradia fue haciéndose cargo de la situación: «Nos fuimos tranquilizando con el paso de los días y buscamos un urólogo para que le hiciera una mejor valoración. Cuando llegamos a la consulta, el médico conversó calmamente con mi esposo, diciéndole que podía ser un error del laboratorio, pero que si fuera una enfermedad debería tener paciencia, porque para todo había solución». Enseguida, algo parecía que había cambiado en su cuadro clínico: «El médico ya inició un tratamiento, recetó algunos medicamentos para aliviar los dolores y programó nuevos exámenes». Doña Lucilia había atendido las oraciones hechas por las hijas y la esposa de Emanuel: «Aquel índice disminuyó. Y el médico pensó que tal vez no fuera cáncer, sino una inflamación acentuada. Y siguió con el tratamiento». Tras cada examen «esas cifras iban disminuyendo, disminuyendo, disminuyendo… y terminó, gracias a Dios. Gracias a la intercesión de Dña. Lucilia hoy mi esposo está curado. Realiza un examen de rutina todos los años y ya no aparece nada».«La luz se había ido, pero el cuadro-lamparita permaneció encendido»
Captura de un vídeo en el cual se muestra la casa a oscuras y el cuadro-lamparita encendido.En el destacado, el cuadrito iluminado.
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Dadivosa para con todos, la señora del cuadrito se ha revelado una verdadera madre dispuesta a auxiliarnos siempre. Para recurrir a su intercesión no es necesario pasar por grandes dramas o dificultades insuperables. Ella escucha, ayuda y acaricia incluso ante pequeños obstáculos, inseguridades y preocupaciones cotidianas. ◊