Santa Gema Galgani fotografiada con 21 años
El día 8 de junio, después de la comunión, Jesús me comunicó que al atardecer me concedería una enorme gracia. Entonces fui a confesarme ese mismo día y se lo conté a monseñor, quien me dijo que estuviera muy atenta para referírselo todo después. Llegada la noche, repentinamente, más pronto que de ordinario, siento un dolor interno, por mis pecados; pero lo experimenté muy fuerte, como nunca lo había sentido. Ese dolor me redujo casi que diría para morir. […] Una gran cantidad de pensamientos giraban en mi mente: pensamientos de dolor, de amor de temores, de esperanza, de consuelo. Al recogimiento interior le sucedió enseguida la pérdida de los sentidos y me hallé en presencia de mi Mamá celestial, que tenía a su derecha al ángel de mi guarda, el cual lo primero que me mandó fue que hiciera un acto de contrición. Una vez terminado, mi Mamá me dirigió estas palabras: «Hija, en nombre de Jesús te son perdonados todos tus pecados». Luego añadió: «Jesús, mi Hijo, te ama mucho y quiere concederte una gracia; ¿sabrás hacerte digna de ella?». Mi miseria no sabía qué responder. Siguió diciendo: «Yo seré para ti una madre, ¿sabrás tú mostrarte una hija verdadera?». Extendió su manto y me cubrió con él. En ese momento apareció Jesús, que tenía todas sus llagas abiertas; pero de éstas ya no salía sangre: salían como llamas de fuego que en un instante vinieron a cebarse en mis manos, en mis pies y en mi corazón. Sentía que me moría, y habría caído al suelo si mi Mamá celestial no me hubiera sustentado, cubriéndome siempre con su manto. Varias horas tuve que permanecer en esa posición. Después mi Mamá me besó en la frente y todo desapareció, y me encontré de rodillas en el suelo; pero todavía sentía un fuerte dolor en las manos, los pies y el corazón. Me levanté para meterme en la cama, pero percibí que de aquellas partes que me dolían brotaba sangre. Las tapé lo mejor que pude y luego, ayudada por mi ángel, pude subirme a la cama. Y esos dolores y esas llagas, en lugar de afligirme, me llenaban de una paz perfecta.
SANTA GEMA GALGANI Autobiografía - Diario espiritual