Al dirigir nuestra atención hacia los acontecimientos del Antiguo Testamento, nos sentimos sobrecogidos con la grandeza de la misión profética. Moisés divide el mar Rojo en dos, Elías hace bajar fuego del cielo, Isaías prevé maravillas con siglos y siglos de antelación… El cortejo de profetas, sin embargo, no terminó cuando San Juan Bautista señaló al Mesías anunciado. Por el contrario, según la categórica afirmación de Santo Tomás de Aquino, Dios también los envía continuamente a la Iglesia: «En todas las épocas hubo algunos que poseían el espíritu profético, no para dar a conocer doctrinas nuevas, sino …