Durante mi infancia, comencé a notar que en la Iglesia Católica existía una uniformidad que me causaba la siguiente impresión: me parecía que en ella, las personas, las costumbres, la doctrina, la liturgia y las oraciones tenían en el fondo, desde el principio, una única mentalidad. Miraba los objetos del santuario del Sagrado Corazón de Jesús1 y pensaba: «Qué curioso… Hay algo en esta imagen y en ese vitral por el cual todos son parecidos unos y otros y forman un todo. Hay algo más que los hermosos vidrios, el hermoso mosaico y la hermosa música. Hay …