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Presentación del módulo 5 - Módulo 5 – El Credo

Este módulo, impartido por el Padre Marlon Jiménez, introduce y profundiza en los sacramentos de la Iglesia Católica, basándose en el Compendio del Catecismo. El curso se propone como un medio para aprender y amar las enseñanzas de la Iglesia, beneficiándose del «torrente de gracia y bondades» que Jesucristo trajo al mundo a través de su vida, pasión y muerte. Los siete sacramentos son presentados como «siete torrentes» o «siete canales de bendiciones» que comunican la vida divina a las almas.

Las primeras clases abordan la liturgia, destacando que es una obra de la Santísima Trinidad: el Padre como fuente de bendiciones, el Hijo como plenitud de estas, y el Espíritu Santo obrando en las almas y la Iglesia. La liturgia celebra el misterio de la venida de Jesús al mundo, renovando su sacrificio de forma incruenta en la Misa. Se enfatiza que en la liturgia actúa el «Cristo total» (cabeza y cuerpo), implicando la participación de toda la Iglesia (gloriosa, purgante y militante). El Catecismo también instruye sobre «cuándo" se celebra (el año litúrgico, centrado en la Pascua y el domingo) y «dónde» (templos y lugares sagrados).

Se definen los sacramentos como «signos sensibles y eficaces de la gracia instituidos por Cristo» que confieren la vida divina. Se exploran los sacramentos de iniciación cristiana: el Bautismo como «puerta a los demás sacramentos», purificando pecados e incorporando a la Iglesia; la Confirmación, que «perfecciona» la gracia bautismal y fortalece la fe mediante la unción con crisma; y la Eucaristía, el «sacramento más importante», donde Jesús está realmente presente (Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad), siendo memorial del sacrificio del Calvario y banquete pascual. Este módulo busca fomentar una profunda devoción sacramental para una vida cristiana más plena.

 

Aulas del módulo 5

3. EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN

21min
La Confirmación es el segundo sacramento de la iniciación cristiana, íntimamente unido al Bautismo, pues perfecciona y completa la gracia bautismal. Su mismo nombre expresa su finalidad: confirmar y fortalecer al cristiano en la fe, mientras que el término «Crismación» destaca el rito esencial de este sacramento, la unción con el santo crisma, signo visible de la acción interior del Espíritu Santo. A la luz de la Sagrada Escritura, se presentan diversas prefiguraciones del Antiguo Testamento, especialmente las unciones de reyes, sacerdotes y profetas, así como la promesa divina de un nuevo espíritu para su pueblo. En el Nuevo Testamento, la Confirmación encuentra un modelo luminoso en el día de Pentecostés, cuando los Apóstoles reciben la efusión del Espíritu Santo, quedando fortalecidos para anunciar con valentía el Evangelio. La clase resalta los principales efectos de este sacramento: una efusión especial del Espíritu Santo que une más estrechamente al alma con Cristo y con la Iglesia, aumenta los dones del Espíritu Santo y concede una fuerza particular para confesar, defender y difundir la fe católica, incluso en medio de dificultades. También se explica que el ministro ordinario es el obispo, cuya unción con el santo crisma manifiesta el vínculo del confirmado con la sucesión apostólica y con la comunión eclesial. Finalmente, se subraya la importancia de vivir la Confirmación como un verdadero llamado al apostolado, a la fidelidad y a la integridad doctrinal, para que el cristiano sea testigo firme y generoso de Cristo. La próxima clase continuará con el estudio del Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

4. EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA I

22min
Esta clase, impartida por el Padre Marlon Jiménez, profundiza en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, el más importante de los sacramentos por la sustancia que contiene. Desde el inicio, se recurre con filial confianza a María Santísima, venerada también como Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, para que nos alcance abundantes gracias y una mayor devoción eucarística. La Eucaristía fue instituida por Nuestro Señor Jesucristo en la Última Cena, cuando tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo entregó a sus discípulos diciendo: «Tomad y comed, esto es mi Cuerpo». Del mismo modo, tomó el cáliz con el vino y proclamó: «Este es el cáliz de mi Sangre». Con estas palabras, Cristo transformó el pan y el vino en su propio Cuerpo y Sangre, anticipando el sacrificio del Calvario y dejando a la Iglesia el memorial vivo de su Pasión, Muerte y Resurrección. La clase destaca con especial fuerza la presencia real de Jesús en la Eucaristía: Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, bajo las apariencias de pan y vino. Aunque los sentidos perciban únicamente lo externo, la fe afirma con certeza que ya no permanecen el pan y el vino, sino que está verdaderamente presente el mismo Cristo. Finalmente, se subraya el papel de la Virgen María como Madre que conduce a las almas a amar y adorar este misterio, preparando el corazón para vivir una auténtica «hambre eucarística», que seguirá profundizándose en la próxima clase.

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