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Presentación del módulo 4 - Módulo 4 – El Credo

Este módulo tiene como finalidad ofrecer una visión profunda y devota de las enseñanzas de la Iglesia. Al estudiar estos “canales de bendición”, se busca no sólo un conocimiento doctrinal más preciso, sino también una disposición más generosa a recibirlos con fruto.

El curso está orientado, en última instancia, a suscitar en los participantes un aprecio más profundo por los Sacramentos y a promover una vida sacramental más plena y consciente, como medio privilegiado de santificación.

 

Aulas del módulo 4

1. LA ECONOMÍA SACRAMENTAL

24min
En esta primera lección del curso sobre el Catecismo de la Iglesia Católica, el Rvdo. Padre Marlon Jiménez da la bienvenida a los participantes, subrayando la importancia de esta formación para todo fiel. Este estudio toma como punto de partida la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica por San Juan Pablo II en el año 1992, así como su Compendio, ofrecido posteriormente por el Papa Benedicto XVI en el año 2005. En esta etapa introductoria, el curso se adentrará en el misterio de los Sacramentos, considerados de manera general. El propósito no es meramente especulativo o académico, sino ante todo espiritual: crecer en el amor a Dios y en el deseo ardiente de alcanzar la santidad. Particular atención se dará a la Sagrada Liturgia, tratada en los numerales 218 al 220 del Compendio, en la cual la Iglesia celebra con gozo el misterio inefable de la venida de Nuestro Señor Jesucristo. Según la luminosa expresión de Santo Tomás de Aquino, la Encarnación del Verbo puede ser considerada como un «milagro en sentido contrario»: el Dios eterno se reviste de nuestra frágil humanidad para redimirnos. La Santa Misa, culmen de la vida litúrgica, renueva de manera incruenta, el Sacrificio del Calvario. El sacerdote, configurado a Cristo por el Sacramento del Orden, actúa in persona Christi, siendo Nuestro Señor, a la vez, el Sumo Sacerdote y la Víctima ofrecida. El Antiguo Testamento, en su admirable pedagogía divina, nos presenta figuras que prefiguran este misterio: el cordero pascual y la serpiente de bronce. Finalmente, se hará ver cómo los signos sensibles de la Liturgia no son meros símbolos vacíos, sino puertas que nos introducen en el misterio, elevando el alma hacia realidades invisibles. De ahí la necesidad de observar con reverencia y fidelidad las normas litúrgicas, pues no se trata de una obra humana, sino de una acción de Cristo y de su Cuerpo Místico, que es la Iglesia.    

3. EL MISTERIO PASCUAL EN LOS SACRAMENTOS

24min
En esta tercera lección del curso sobre el Catecismo de la Iglesia Católica, el Rvdo. Padre Marlon Jiménez guía a los alumnos hacia una contemplación más profunda del misterio de los Sacramentos, conforme a la enseñanza autorizada del Compendio del Catecismo. Los Sacramentos son definidos como «signos sensibles y eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, mediante los cuales se nos concede la vida divina». Esta definición expresa que los Sacramentos no son meros símbolos o gestos exteriores, sino realidades sobrenaturales que obran verdaderamente lo que significan. Así, el agua bautismal no representa simplemente la limpieza del alma, sino que, por la acción del Espíritu Santo, borra efectivamente el pecado original; del mismo modo, la Sagrada Hostia no simboliza, sino que es verdaderamente el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. La Santa Iglesia, en su maternal sabiduría, administra siete Sacramentos: el Bautismo, la Confirmación, la Eucaristía, la Penitencia, la Unción de los Enfermos, el Orden Sagrado y el Matrimonio. Estos sagrados canales de la gracia acompañan al fiel desde su nacimiento espiritual hasta su tránsito a la eternidad, de modo semejante a la vida natural. La eficacia de los Sacramentos proviene de los méritos infinitos de la Pasión Redentora de Nuestro Señor Jesucristo. Cada Sacramento comunica, además de la gracia santificante, una gracia propia que dispone al alma para cumplir con fidelidad los deberes particulares que esa acción sagrada implica. Conviene recordar también la distinción tradicional entre los Sacramentos de vivos —que requieren el alma en estado de gracia para su recepción fructuosa— y los Sacramentos de muertos —que tienen por fin restaurar la vida sobrenatural perdida por el pecado grave—, siendo estos últimos el Bautismo y la Penitencia. Así, los Sacramentos, frutos preciosísimos del Corazón traspasado del Redentor, constituyen el camino ordinario por el cual las almas son regeneradas, alimentadas y perfeccionadas, hasta alcanzar la plenitud de la vida en Dios.

5. CELEBRAR LA LITURGIA DE LA IGLESIA II

23min
En esta quinta clase, el Rvdo. Padre Marlon Jiménez lleva a sus oyentes a contemplar con mayor hondura los aspectos relativos al cuándo y dónde se celebra la Sagrada Liturgia, completando así la primera sección del curso dedicada a los Sacramentos. La celebración litúrgica no acontece de manera arbitraria o desligada del tiempo, sino que está sabiamente ordenada por la Iglesia a través de un rito que se desarrolla en el tiempo del Año Litúrgico. Este comienza con el Adviento, tiempo de espera y preparación para el Nacimiento del Salvador, culminando con la Solemnidad de Cristo Rey del Universo. En el centro de este ciclo litúrgico está la Pascua de Resurrección, fuente y cumbre de la vida cristiana. Los domingos, día en que Cristo venció a la muerte, constituyen el día del Señor por excelencia, el «primer día de la semana». En ellos, la Iglesia celebra los principales misterios de nuestra Redención. Este día, apartado del afán laboral, se dedica a la Eucaristía, a la vida familiar y a la contemplación. En cuanto al «dónde», la Liturgia se celebra en templos y lugares sagrados,concebidos como «casas de Dios» y «casa de la Iglesia». Estos espacios son sagrados por la presencia del Santísimo Sacramento y deben reflejar la sacralidad del misterio que acogen. Asimismo, se resalta que el sacerdote, como ministro sagrado y puente entre Dios y los hombres, debe vivir la celebración con reverencia profunda y recogimiento interior, pues en él actúa el mismo Cristo Cabeza, Maestro, Sacerdote y Víctima.

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